¿Vitoria-Green Park?

Vitoria-Green Park: cuando la ciudad verde se convierte en decorado

Hace unos días se presentó, dentro de la Bienal Internacional de Arquitectura Mugak/, el vídeo resultante del taller We Make Cities celebrado en IDarte y dinamizado por Javier Martínez Navarro y Pablo Sendra (Lugadero). Quienes estuvimos allí seguimos el proceso desde la idea inicial hasta el montaje final. Y, aun así, ver el vídeo terminado -noventa segundos de fantasía verde al estilo Charlie y la Fábrica de Chocolate– resulta tan sorprendente como revelador.

El ejercicio planteaba imaginar futuros posibles para Vitoria-Gasteiz utilizando inteligencia artificial. Y el resultado fue… Vitoria-Green Park: una ciudad convertida en parque temático vegetal, llena de pasarelas tubulares, montañas rusas verdes, domos biotecnológicos y todo tipo de infraestructuras exuberantes que envuelven los espacios más reconocibles del centro urbano.

¿Es una utopía? ¿Una distopía? ¿Una caricatura? Probablemente un poco de todo. Pero, sobre todo, es un espejo. Un espejo que nos permite ver algo que quizá estamos viviendo sin darnos cuenta: que la identidad «verde» de Vitoria-Gasteiz se mueve constantemente en la frontera entre la sostenibilidad real y su versión decorativa.

Cuando lo verde deja de ser criterio y empieza a ser objetivo

Gasteiz presume de verde. Y nos lo hemos ganado: décadas de políticas públicas coherentes han convertido la ciudad en una referencia internacional. Pero hay momentos en los que da la sensación de que la estrategia se ha desdibujado y que lo verde se ha convertido en fin en sí mismo, incluso en reclamo turístico, más que en brújula para la transformación urbana.

Dos ejemplos recientes lo ilustran bien:

  1. El laberinto de Olarizu: estética antes que utilidad

    Hace pocos días se ha inaugurado el laberinto vegetal de Olarizu, un proyecto pensado, según se ha dicho, como reclamo turístico. El problema no es el laberinto en sí, sino qué representa: una intervención que prioriza la imagen verde antes que la función, y que además aparece en un punto del Anillo Verde donde, históricamente, se había planteado intervenir solo con criterios naturales y de bajo impacto.

    A esto se suma algo que ha generado cierta ironía colectiva: la inauguración tuvo lugar cuando la vegetación estaba recién plantada. El resultado… ramas desnudas, arbustos por crecer, y una foto final más cercana al antes que al después. Otro ejemplo de cómo la prisa por “inaugurar” puede distorsionar el sentido original de un proyecto.

  2. La calle Los Herrán: un carril bici para pasear, no para moverse

    La reforma de Los Herrán ha ganado espacio peatonal y ha reorganizado el tráfico. Bien. Pero la decisión de diseñar un carril bici sinuoso, con pequeñas rampas innecesarias y un trazado que sigue los bordes ajardinados, revela una lógica preocupante: se prioriza la experiencia recreativa sobre la movilidad cotidiana.

    Y es paradójico: los propios datos de los aforadores municipales muestran que la bici en Gasteiz se usa, mayoritariamente, entre semana. Es decir, para ir a clase, al trabajo o a hacer recados. No como ocio, sino como transporte.

    La infraestructura, sin embargo, se diseña como si el uso principal fuese el paseo. Un enfoque que, aunque atractivo en apariencia, no responde a la realidad de quien usa la bici cada día.

Vitoria-Green Park como advertencia amable

El vídeo de Lugadero exagera una tendencia real: cuando lo verde se convierte en espectáculo. Cuando en lugar de ser un indicador de sostenibilidad -calidad del aire, energía, movilidad activa, naturaleza urbana- pasa a ser escenografía.

Vitoria-Green Park nos invita a preguntarnos:

  • ¿qué significa ser una ciudad verde en 2025?
  • ¿cómo podemos evitar confundir sostenibilidad con estética?
  • ¿hasta qué punto nos acercamos, sin quererlo, a convertir la ciudad en una postal verde para las fotos?

Y, en este punto, surge otra cuestión que quizá Gasteiz debería empezar a hacerse: ¿hasta qué punto estamos intentando parecernos a una ciudad turística, cuando precisamente hemos presumido siempre de lo contrario? Donosti lleva años sufriendo las consecuencias de un modelo turístico sobredimensionado: gentrificación, presión sobre la vivienda, tensiones vecinales… Problemas que su ciudadanía ya identifica entre las principales amenazas para su calidad de vida. Gasteiz, en cambio, nunca ha tenido ese tipo de turismo masivo. Pero algunas actuaciones recientes parecen guiadas por la lógica de «generar atractivo» más que de responder a necesidades reales. Como si, en ausencia de turismo, quisiéramos inventarnos uno. El vídeo de Lugadero lleva esa intuición al extremo: la ciudad convertida en un parque temático verde, lista para ser consumida… pero no necesariamente vivida.

Lo más interesante es que los vídeos de Bilbao y de Donosti, surgidos de talleres idénticos, no se parecen en nada. Otros futuros, otros miedos, otras aspiraciones. Bilbao imaginó un futuro de degradación urbana donde la experiencia real de la ciudad se sustituye por realidad virtual -el Guggenheim solo disponible en plan premium-. Donosti proyectó una distopía de cápsulas habitacionales flotando sobre La Concha, con racionamiento de agua y máquinas cultivando maíz en la bahía. Gasteiz, en cambio, se vio a sí misma convertida en un parque de atracciones vegetal. Cada ciudad proyectó sus propios fantasmas: la ansiedad metropolitana, la crisis habitacional, la espectacularización verde.

Que en Gasteiz imagináramos un parque temático vegetal no fue producto del azar: dice algo de nosotros, de nuestras dudas y de nuestras inercias.

Una mirada atrás: BioPolis, el parque temático que casi existió

No es la primera vez que Vitoria-Gasteiz coquetea con el borde entre lo verde y lo espectacular. En 1998, el entonces alcalde José Ángel Cuerda impulsó la idea de un parque temático en la zona de lo que hoy es el parque de Salburua. Se llamaba BioPolis y llegó a tener estudio previo.

La ciudad supo entonces distinguir entre el envoltorio y la esencia: descartó el parque temático pero abrazó la sostenibilidad como seña de identidad. En su lugar consolidó uno de los grandes tesoros ambientales de la ciudad. Aquella decisión nos enseñó algo valioso: que siempre caminaremos sobre el filo entre lo verde auténtico y su versión espectacular. La diferencia está en saber elegir.

Quizá por eso el vídeo conecta tanto: no imaginamos algo completamente ajeno, sino una versión extrema de una tensión que ya vivimos.

En el filo entre la sostenibilidad y el decorado

Vitoria es una ciudad excepcional. Pero no por los laberintos, ni por los jardines espectaculares, ni por las infraestructuras llamativas. Lo es porque, durante décadas, entendió que la sostenibilidad es una práctica cotidiana, no una estética.

Hoy, esa claridad parece tambalearse.

El vídeo de We Make Cities no es una predicción. Tampoco una burla. Es un recordatorio: si la identidad verde se convierte en decorado, perderemos aquello que nos hizo ser un referente real.

La sostenibilidad no es un parque temático.

Y nuestra tarea -como ciudadanía, como colectivo ciclista, como ciudad- es mantener la brújula apuntando a lo esencial: movilidad activa, coherencia, naturaleza viva, políticas públicas sostenidas y una visión clara de futuro.

No a golpe de subvención. No para la foto. Sino para la vida diaria.